La respiración es el único puente directo que tenemos para controlar nuestro sistema nervioso autónomo de forma consciente.

Cuando respiramos de forma superficial y rápida, le decimos a nuestro cerebro que estamos en peligro. Al ralentizar la exhalación, activamos el nervio vago y el sistema parasimpático, induciendo un estado de calma inmediata.

Practica la técnica 4-7-8: inhala en 4 segundos, mantén 7 y exhala ruidosamente en 8. Repítelo 4 veces y notarás la diferencia.